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20 agosto 2026

Cuando el toreo tiene alma: Víctor Puerto se despide, Navalón se entrega y Luque manda

 

Entre la emoción del adiós y la verdad del toreo, tarde con pinceladas de sensibilidad en la despedida de Víctor Puerto en su tierra, tras treinta y un años de alternativa. Donde en su primero quedó inédito por romperse la mano el de Arauz de Robles, y con su segundo logró la despedida merecida a toda su trayectoria. Daniel Luque, que pechó con el peor lote, estuvo por encima de sus enemigos con ese dominio de los terrenos y ese poder ante el toro. Samuel Navalón brilló toda la tarde cuajando dos faenas de entrega y temple, desatanco la del sexto por cómo se embraguetó con él.

Amalgama de colores, en una tarde en el que el traje grana y oro era el foco de miradas, marcando el inicio de una historia con final. Último paseíllo del diestro Víctor Puerto, última salida a hombros, últimos lances en el albero de la plaza de su tierra, y última faena, no la soñada, desde luego, puesto que con su primero quedó inédito y con su segundo, le faltó esa casta y bravura para redondear la tarde. Se otorgaron dos orejas, que en su conjunto, tuvieron ese toque de sensibilidad ante una trayectoria, una despedida y sobre todo, a uno de la tierra. El toreo sabe de sensibilidad y por ello, en los momentos precisos hay que sacarla. Como cada historia todo tiene un comienzo.

Tras deshacerse el paseíllo se rindió un minuto de silencio al que fuera cirujano taurino del coso durante muchos años, don Eduardo Rodríguez. A posteriores los toreros lancearon al viento, y una vez dentro de la tronera de matadores el murmullo de la tarde se rompió con una merecida ovación para el torero que decía adiós a una afición. Víctor Puerto salió al tercio a recogerla, invitando a sus compañeros a que lo acompañaran, pero era un momento especial para él. Y declinaron la invitación, pero no se olvidaron de brindarle un toro, como hiciera Daniel Luque en el quinto de la tarde.

Con esas verónicas, marca Puerto, recibió a su primero. En varas recibió un buen puyazo pero cuando cogió los trastos Víctor y fue a realizar su trasteo, el toro se rompió la mano y fue imposible su lidia. Una lástima porque la afición se quedó con esas ganas de ver al torero. Tuvo que coger la tizona para dejar una estocada un pelín caída. Recogiendo la ovación en el tercio. Inédito quedó por ese contratiempo con el que nadie contaba.

En su segundo se quitó la espinita, volvió a lancear a la verónica dejando su sello en el albero. Tras el brindis a su tío, Sánchez Puerto y a su hijo se dirigió a comenzar la faena, dejando la impronta del torero que ha sido, y aunque se retiré seguirá siendo, porque eso nunca se va. Con la muleta compuso una faena en la que destacó el toreo al natural, cuidando cada embestida para que le durara. Pinchazo y media que le sirvieron para pasear las dos orejas. No por lo que había hecho con este ejemplar, sino por una trayectoria. Y en su casa lucirá la cabeza de este toro y con las orejas que guardó y no quiso pasear, puesto que pidió la cabeza del animal.

Luque estuvo enrazado toda la tarde, le tocó pechar con el peor lote y aún así dejó, una vez más, la impronta de porqué está en donde está en el toreo, puesto que es un torero que sabe sacar esa raza y poder a sus enemigos.

De salida su primero no quiso fijarse en el capote que le ofrecía. En banderillas se desmonterarón Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga. Comenzó la faena doblándose con él, componiendo una faena con enjundia. La música sonó pero la hizo parar, necesitaba sentir el silencio para componer su obra. Un silencio que lo acompañó y tan sólo su voz al citar y el trote del toro se sintieron para componer esa melodía que llama sin florituras. Hubo ligazón, temple y mando. Estocada un poco atravesada que le costó caer al cornúpeta haciendo que la presidencia mandara un recado. Oreja que paseó.

Con el quinto, tampoco pudimos ver a Luque lucirse con la verónica, puesto que su enemigo no se entregó. Tras el brindis a su compañero Víctor Puerto, volvió a realizar una faena de poder e íntima, en comunión con el toro y el silencio. Donde los naturales tuvieron esa esencia por la dificultad del de Arauz de Robles. Estocada un pelín desprendida que le otorga la oreja para salir a hombros.

Samuel Navalón llegó con la bendición del Cristo del Amor y fue el triunfador del festejo, dejó claro que en esto quiere mandar y su entrega es estandarte. A su primero lo recibe lanceando a la verónica, con gustoy temple. En el caballo no quiere nada hasta que consigue recibir la vara correspondiente. Faena muy bien argumentada en la que ha ido haciendo que el toro embistiera, yendo a más. Estocada, descabello, aviso y descabello. Oreja.

En el sexto dio una gran dimensión recibiendo a su enemigo con un ramillete de verónicas que llegaron al tendido calando hondo. Tras el brindis al periodista Javier Ruiz, comenzó la faena con ese temple y actitud que se necesitan para mandar en el toreo. Había tandas en las que se veía que se vaciaba, de esas que se sienten, de que transmiten y no se olvidan, puesto que Navalón vino apostando fuerte y ganó. Mató de estocada algo desprendida que le fue suficiente para cortar dos orejas.

 

Ficha técnica:

Con media plaza se lidió una corrida de Arauz de Robles, bien presentada de juego desigual.

Víctor Puerto: ovación en el tercio y dos orejas.

Daniel Luque: oreja tras aviso y oreja.

Samuel Navalón: oreja y dos orejas.

 

Se desmonteraron tras parear al segundo de la tarde Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga de la cuadrilla de Daniel Luque.