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20 septiembre 2026

Almodóvar se rompe al compás de Miranda y Talavante enamora al natural

Hay algo que tiene el toreo cuando de verdad sucede. No hace falta buscar palabras grandes. Basta con estar allí y dejar que la emoción haga su trabajo. Y esta tarde, en Almodóvar del Campo, la emoción tuvo nombre y apellido: David de Miranda.  

La plaza, con el cartel de “no hay billetes” colgado, llena hasta la bandera, vivió una de esas tardes que se saborean despacio. Con Morante, Talavante y Miranda, junto a toros de Santiago Domecq. El ambiente ya anunciaba que había ganas de toreo. 

Morante dejó pinceladas de esa torería suya que parece venir de otro tiempo. Al primero lo toreó con ese aire tan personal, buscando siempre la distancia y el sitio. La  espada  terminó  privándole  de  un  premio  mayor.  Con  el  cuarto  volvió  a  dejar detalles de su tauromaquia, aunque el toro no terminó de poner las cosas fáciles, por lo que abrevió. 

Talavante encontró pronto el camino. Al segundo lo toreó con gusto y profundidad, especialmente por el pitón izquierdo. Hubo naturales de esos que parecen salir sin esfuerzo, con la muleta mandando y el torero dejándose llevar por el momento. 

Las dos orejas fueron el reconocimiento de una faena que tuvo sentimiento. 

Con  el  quinto  volvió  a  dejar  pasajes  de  mucha  calidad.  Otra  vez  apareció  ese Talavante  que  torea  con  personalidad,  que  busca  la  profundidad  y  que  cuando encuentra el ritmo consigue que todo parezca sencillo. La espada, esta vez, dejó el premio en una ovación.  

Y entonces llegó Miranda. 

El tercero tuvo delante a un torero dispuesto a aprovecharlo. Desde el capote se vio que  venía  con  ganas.  Verónicas  con  gusto,  un  quite  que  calentó  los  tendidos  y, después, la muleta. Ahí empezó otra historia. David de Miranda toreó con temple. Sin prisas.  Dejando  que  el  toro  fuera  y  viniera,  encontrando  la  distancia  adecuada  y llevando las embestidas con suavidad. Hubo series por ambos pitones y hubo, sobre todo,  una  cosa  que  el  público  supo  reconocer,  verdad.  Cuando  un  torero  está convencido de lo que hace, se nota. Y David lo estaba. La faena fue creciendo poco a poco hasta terminar con el torero muy metido entre los pitones, apretando el final y poniendo a la plaza en pie. La estocada puso la firma. Dos orejas y rabo. El toro, “Toledano”, fue premiado con la vuelta al ruedo. Pero todavía faltaba el sexto. Y David no quiso que la tarde se quedara en una sola faena.  

Volvió a salir con la misma disposición, con la tranquilidad que da haber encontrado el camino  pero  sin  conformarse.  Fue  construyendo  la  faena  muletazo  a  muletazo, buscando siempre la mejor respuesta del toro. Hubo entrega. Hubo temple. Y hubo ese momento en el que el público deja de mirar el reloj y sólo quiere que aquello no se termine. Dos orejas más. 

Cuatro orejas y un rabo. La puerta grande estaba abierta. David de Miranda salió a hombros junto a Talavante, mientras Morante dejaba detrás una tarde de detalles y torería. 

Porque  no  siempre  se  trata de  cortar  más  o  menos  orejas. A  veces  se  trata  de conectar. De conseguir que una plaza entera sienta lo mismo durante unos minutos. Y hoy David de Miranda lo consiguió. 

Almodóvar respondió con el corazón. Con ese “olé” que sale de dentro, que no se piensa y que tampoco se puede fingir. Una tarde de toro, de seda y de oro.  

Una tarde de Morante. 

Una tarde de Talavante.  

Pero, sobre todo, una tarde de David de Miranda.  

Y cuando cayó la tarde sobre el albero, todavía quedaba en el aire algo difícil de explicar. Ese pellizco. Ese pequeño duende que aparece de vez en cuando y que hace que una corrida deje de ser simplemente una corrida. Hoy Almodóvar lo encontró. Y se rompió al compás de David de Miranda.  

Ficha técnica:  

Con  lleno  en  los  tendidos  se  ha  lidiado  una  corrida  de  Santiago  Domecq,  bien presentados y de juego desigual. Al tercero herrado con el número 20 de nombre “Toledano” se le dio la vuelta al ruedo. 

Morante de la Puebla: silencio y saludos desde el tercio. 

Talavante: dos orejas y ovación con saludos. 

David de Miranda: dos orejas y rabo y dos orejas.