Entrevista a Ignacio García,
director del Festival de Teatro Clásico de Almagro
Este año más que nunca Almagro
rezumaba Siglo de Oro por cada rincón de la ciudad. Un Siglo de Oro en el que
nuestros autores más carismáticos han tomado el mando. Esa es la idea de
Ignacio García como director del Festival Internacional de Teatro Clásico de
Almagro. Tiene claro el objetivo para los cinco años que tiene firmados como
director del mismo. Lo importante para él es el Siglo de Oro. El teatro aureo
es el que va a reinar en la programación de cada año, puesto que en tanto en
España como en Latino América tenemos escritores del Siglo de Oro para ser la
cuna del teatro de Almagro. En su primer año, su trabajo se ha visto con
creces, con una programación novedosa y variada que el público ha recibido muy
bien. A pesar de ser su año de aprendizaje, ha tomado muy buena nota de los
gustos de los espectadores, porque raro era el día que no se viera en el teatro
observando. Como buen observador se augura que el año próximo nos volverá a
sorprender y a dar en el gusto de más de uno con obras clásicas de nuestro
Siglo de Oro, que se impregna del patrimonio cultural que nos ofrece Almagro en
este mes de julio.
-Desde octubre de 2017 que fue nombrado director del Festival habrá
tenido en mente muchas cosas para hacer, ¿se le ha quedado algo pendiente por
hacer para este primer año?
-La verdad, las ideas
fundamentales están todas expuestas. Lo que nos queda es desarrollarlas sin ir
más lejos. Digamos que las cuatro ideas fundamentales que teníamos, se están
cumpliendo. La defensa patrimonial, este festival tiene más Siglo de Oro que
nunca, la historia y hay un Siglo de Oro muy amplio, con drama, con comedia,
con auto sacramental, con mística, con picaresca, con música, con danza y con
muchos textos conocidos y menos conocidos. Bajando la cuota de autores extranjeros
para darle más protagonismo a lo que nosotros somos como Siglo de Oro. No un
siglo de Oro español sino en español.
Esa es la segunda parte del
proyecto que es la relación con América. Está clarísima desde el propio cartel
de Botero hasta la programación. No sólo que están obras de Sor Juana o de Juan Ruiz con La cueva de Salamanca, sino
el concierto de Betty Garcés, el concierto de Melón Lewis, viene música ficta,
Divino Pastor Góngora de México. La relación con América Latina va a ser una
clave fundamental. Claro que aspiramos a más, pero estamos muy felices de este
primer año.
La parte femenina del Siglo de
Oro, este año está representada por Juan Inés, con María de Zayas, fue un gran
éxito la producción. María de Zayas dirigida por otra mujer Ainhoa Amestoy, Sor
Juana Inés de la Cruz dirigida por Pepa Gamboa, Amparo Pascual, Helena Pimenta,
cerraremos con Sor Juana dirigida por Elisabeth Arciniega. No son declaraciones
de intenciones, son actos que marcan unas líneas de programación que nos hemos
planteado muy claras.
Luego la parte accesible e
inclusiva nos parece muy importante. Que el teatro clásico sea accesible para
todos los públicos y sea inclusivo. La ONCE ha colaborado muy generosamente,
tuvimos una función en la plaza Romancero de un ciego con el grupo La Ruina,
‘De lo fingido verdadero’, con una adaptabilidad total para discapacidad
visual, auditiva, discapacidad intelectual. Para personas con movilidad
reducida todos los espacios son accesibles.
No niego que este año estoy
conociendo Almagro desde esta óptica de la dirección que es distinta que venir
como artista. Estoy conociendo mejor los espacios, mejor el público. Conociendo
mejor lo que esperan de cada lugar. Confío en que podamos ir mejorándolo año
tras año.
-¿Qué diferencia hay entre dirigir una obra a dirigir todo el Festival?
-Mucha, porque cuando haces una
obra estás concentrado en la parte creativa de tu idea con respecto a un texto
del Siglo de Oro. Es verdad que hay una cosa parecida, se trata de optimizar el
talento de los demás. Se trata de poner en valor las capacidades artísticas de
otros. Como director del Festival, lo que tenemos, junto a un fantástico
equipo, primero que diseñar la filosofía del proyecto, hacerla posible y dar a
todas las compañías su lugar y las mejores condiciones técnicas para que puedan
venir. Informar adecuadamente al público para que sepan en qué se basa esta
oferta, para que puedan elegir de todo lo que hay, que es mucho y es una
maravilla, que se adapta mejor a su gusto y lo que ellos quieran que sea su
experiencia de su manera de vivir Almagro.
-No cree que aún hay personas que vienen con un desconocimiento total
de lo que han elegido para ver y a mitad de la obra se van.
- Sí, no tanto. Es algo normal,
que si no le gusta lo que ven, se levantes y se vayan. Eso está dentro de los
derechos de los espectadores. También está bien que el espectador arriesgue a
ver una cosa que no sabe lo que es. Creo que la mayoría del público, y ahora
que hay tanta venta anticipada, tan información en las redes y en los medios de
comunicación, la mayoría del público sí sabe lo que viene a ver. Luego te puede
sorprender en positivo o en negativo, pero en general sí saben lo que vienen a
ver.
-Aún es pronto para saber un balance total en la venta de entradas, y
más difícil aún compararlo con lo de otros años puesto que es su primer año.
-Es muy difícil compararlo con
otros años en los que nosotros no programábamos. Es muy difícil compararlo con
la edición 40 porque era una edición especial presupuestariamente y en condiciones
promocionalmente. Estoy muy satisfecho porque los teatros se ven llenos, está
viniendo mucha gente, hay mucho ambiente y sobre todo porque la apuesta
filosófica la estamos cumpliendo. De convertir este Festival en el centro
mundial del Siglo de Oro. Creo que en ocasiones se había diluido un tanto la
personalidad con la presencia shakesperiana masiva y con otras cosas. Creo que
hay que arriesgar, incluso sin conocer las cifras todavía, aunque haya una
pequeña corrección en la presencia de público, no pasaría nada si estamos
haciendo el Festival que tenemos que hacer y poco a poco vamos convenciendo a
la gente de que el repertorio español también vale la pena y que el público
venga. Aunque hubiera algún pinchazo, que siempre en todos los festivales hay
algún pinchazo, no pasa nada. Lo importante es que la apuesta sea clara.
También como señal para las compañías nacionales e internacionales de que este
es un lugar eminentemente patrimonial.
-No le parece que este año, sobre todo en el Patio de Fúcares ha habido
gente que se ha quedado con ganas de asistir, en especial para ver El banquete
y La dama boba.
-Nos hubiera gustado programar
más días algunas funciones pero no se podía por agenda. Por la de los actores y
por la de la compañía. Esa es probablemente una reflexión que a lo mejor
tenemos que hacer a futuro. Es decir, Fúcares era un espacio donde el año
pasado se hacía After Classics y donde en todo el festival fueron
aproximadamente 400 espectadores. Este año va a ser el triple de espectadores y
aún así se nos queda gente fuera. Es difícil calcular a medida de dónde va a
haber más demanda o menos demanda. Para nosotros era un gran paso adelante.
Estoy en lo filosófico, más allá de que haya muchos más espectadores en Fúcares
o menos en otro lugar, lo importante es que este año hay dos espacios del
Festival programados por la Compañía Nacional, cosa que no había ocurrido
nunca.
-Es cierto, antes sólo se podía disfrutar de una obra de la Joven en el
espacio que tocara, y sin embargo este año, han traído más obras.
-Claro, este año ha sido una gran
apuesto. Porque además filosóficamente yo creo en el modelo de Stratford, del
Festival Shakespeare de Stratford, donde la Royal Shakespeare Company es un
poco el alma del Festival y es quién marca la pauta de por dónde van los
caminos de interpretación del repertorio. Tener cinco producciones y veintiocho
funciones de la Compañía Nacional supone una apuesta muy fuerte por los dos
lados. Por parte de la Compañía que generosamente programa todo eso en el Festival
y por parte del Festival de asumir que una parte muy importante del Festival,
de las ciento veinte funciones, veintiocho son de la Compañía Nacional, quiero
decir una cuarta parte del Festival es Compañía Nacional. Estamos muy contentos, no
sólo porque la demanda es muy buena sino porque representa una manera muy
poderosa, muy valiente y muy contemporánea de hacer a los clásicos.
-La Compañía aunque repita obra nunca defrauda puesto que la gente responde.
-Cuando una producción triunfa en
un lugar regresa. Este año hay una larga gira de La dama duende van a ir al
Piccolo Teatro de Milán vuelven a Madrid. No había ninguna razón para no
regresar acá. Eso ellos lo entendieron igual que nosotros. Estamos muy
contentos y hay muchísimo público para ver las funciones de La dama duende.
-Aparte de las obras de la Compañía Nacional, qué otras obras
recomienda al espectador.
-Es difícil porque lo importante
es adaptarse al gusto del público. El que quiera una versión para la familia
tiene el Barroco Infantil. Quién quiera una visión de vanguardia tiene Almagro
Off. Donde tanto en lo uno como en lo otro son muy buenas todas las propuestas
que han llegado al Festival, porque vienen de un filtro previo que son los
comités que seleccionan de las cincuenta y tantas propuestas, las seis que
vienen al Barroco Infantil o de las cien que vienen al Off, las diez que
participan. De manera que ahí la calidad está garantizada.
Si te gusta el teatro
renacentista, tienes a Ana Zamora y Comedia Aquilana. Si quieres una comedia está Moreto. Si quieres
un proyecto más social está el Don Quijote de la tropa de Pereira. Si quieres
metafísica teatral a primerísimo nivel europeo, La vida es sueño de Clément
Poirée. Hay música, hay danza incluso dentro de la música, hay danza barroca y
flamenco sobre textos del Siglo de Oro con el espectáculo de Rafaela Carrasco.
Hay picaresca con Marcos de Obregón con la obra de Espinel.
Para nosotros es muy difícil y lo
que tenemos que hacer es dar una oferta variopinta y de altísima calidad. Luego
dejar que los gustos del público marquen hacía un camino u otro. Luego aprenderemos
con la experiencia. También este año con el 40º aniversario, es cierto que el
nombramiento fue en octubre pero mi toma de posesión fue el 1 de enero y el 16
de abril presentamos el Festival.
-Fueron pocos meses para trabajar.
-En tres meses y medio, en enero,
febrero y marzo hubo que hacer la programación porque el 16 de abril estábamos
presentando. Confío en que los próximos años, habiendo marcado ya claramente un
camino este año de cuál es la identidad del Festival, tengamos más tiempo para
también sumar más fuerzas de compañías nacionales e internacionales que estén
abordando este repertorio.
-Este año tan sólo dos son las obras en idioma extranjero, la gente
ante eso aún se asusta, al no conocer la lengua en la que recitan el verso.
-La gente se asusta.
Históricamente en la tendencia del Festival es que lo exótico es muy atractivo
para los medios pero para el público masivo todavía cuesta. Además, esto es una
opinión personal, muchas veces hemos sido aspiracionales mirando a Europa con
complejo y no hemos mirado de igual a igual a América y nos hemos creído el
potencial que tenemos en un mundo de quinientos millones de hispano hablantes.
Nuestra apuesta claramente es que Almagro sea un ejemplo de la relación también
cultural, diplomática, política, económica que deberíamos tener con América, de
igual a igual y estableciendo un camino de ida y vuelta que nos enriquezca a
todos. Lo vemos en la venta de Macbeth que viene del Teatro Colón o de muchos espectáculos que vienen que son
extranjeros, grandes compañías internacionales pero en lengua castellana tienen
muy buena demanda, con lo cual es un camino a futuro.
-¿Cómo ha surgido la idea de hacer un Karaoke barroco?
-Esa idea la vi en un festival en
México hace tiempo, con textos contemporáneos y me pareció que era una buena
iniciativa para llegar al público. Gracias a unir en España la universidad en
línea y teatro de Babel en México han colaborado en esta iniciativa. Es una
manera de acercar lúdicamente el teatro a otra gente. Tenemos la obligación de
que el Festival tenga una parte innovativa y una parte popular. Parte gratuita
en la plaza para el público, para quien entre función y función quiera
disfrutar en la plaza sobre el Barroco o quien quiera ver una exposición tenga
una oferta grande de ocio sobre el Siglo de Oro. Para convertir a Almagro en lo
que decimos que es. Que es una reserva natural del Siglo de Oro, un lugar en el
que el Siglo de Oro suena, se ve, se escucha y se siente por las calles. El
karaoke nos parecía una iniciativa novedosa y atractiva para que también el
público conozca las obras desde otro punto de vista. Va a estar un fin de
semana como un programa piloto.
Este año queremos probar muchas
cosas para aprender y después ver cómo funcionan mejor. O qué textos funcionan
mejor o cuales peor. Qué horarios funcionan mejor y cuales peor. Estamos en
fase de aprendizaje, vuelvo a repetir, hace apenas seis meses que hemos entrado
a dirigir el Festival.
-El balance de estos seis meses, cuál sería.
-Maravilloso. Creo que dirigir el
Festival es el mejor trabajo del mundo. Es agotador. Muy intenso. Todo es intenso,
porque hay que elegir las obras, hay que contratarlas, hay que hacer la parte
técnica, hay que difundirlo. Este año también hemos hecho un gran esfuerzo en
contar lo que es Almagro en América, en Europa pero es muy bonito. Es muy
cansado y muy gratificante al mismo tiempo.
-¿Qué tiene Almagro que no tengan otras localidades?
-Todo. Un patrimonio histórico
artístico único. Un Corral de Comedias que cumple 390 años. Un ambiente
formidable, respetuoso, cultural, positivísimo. Una ciudadanía entregada al teatro
y que engalana el municipio maravillosamente para que la gente disfrute
paseando por las calles. Una hostelería y hotelería que acoge maravillosamente
a los visitantes. Una tradición de 41 años defendiendo más que en ningún lugar
del Siglo de Oro y el teatro clásico. Yo digo que es un milagro, que una
localidad de nueve mil habitantes se transforme en el centro mundial del Siglo
de Oro es milagroso. Es gracias a muchos apoyos de compañías, de un patronato
espléndido que apuesta claramente por el Festival, de voluntarios, de
trabajadores, de instituciones, de sponsor… Eso no lo tienen muchos lugares. Y
sobre todo, un lugar dedicado con devoción a un patrimonio como el del Siglo de
Oro como Almagro no lo hay en el mundo.
-Este año me ha chocado más que ningún otro año que hay padres que
llevan a sus hijos al teatro desde bien pequeños, ¿es bueno que le vayan
inculcando desde esa temprana edad esa devoción por el teatro clásico?
-Es buenísimo para hoy y para
mañana. Es buenísimo porque un mundo en el que a veces las ofertas de ocio son
muy banales, muy estúpidas, muy superficiales poder ver una obra de teatro en
familia sobre un texto clásico, que permita a la familia disfrutar juntos, pero
también pensar y hablar sobre temas importantes de la vida. Es una manera de
crear mejores ciudadanos, sin ninguna duda. Además seguro que despierta
vocaciones al futuro, o como actores, o como directores, o como espectadores.
No importa, en cualquier caso, lo que sí va a hacer es mejores ciudadanos.
A veces no valoramos eso. Cuánto
le aporta el municipio al Festival en cuanto al entusiasmo de los ciudadanos, y
cuánto les aporta el Festival a los ciudadanos en cuanto al valor que tienen
las ideas. El valor que tiene que haya un director francés, que vaya a venir
gente de Australia, de Estonia, de Polonia y que viva por las calles de Almagro
y que conviva con la gente de aquí. El hecho que desde niños puedan ir a ver en
el teatro las mejores compañías del mundo. A decirles los grandes clásicos.
Cuánto le aporta a la ciudadanía de Almagro que Calderón les diga: “Más sea
verdad o sueño, obrar bien es lo que importa”. Que les haga reflexionar sobre
la necesidad de hacer una sociedad más justa, más ecuánime y mejor. A veces valoramos
todo. Por eso yo me niego y quiero cambiar la tendencia a valorar el Festival
en cuanto a cuánta cerveza más se vende o cuánta es la ocupación hotelera. Que
son datos importantes pero creo que la importancia del Festival va mucho más
allá. Cuánto vale el lazo cultural con América y con Colombia que hemos hecho
este año.
-Justamente es eso que dice, ahora la sociedad ha perdido la esencia de
coger un libro y leerlo, con tanta tecnología se olvidan un poco de la cultura.
-Los valores del Siglo de Oro. En
el Quijote está la justicia. En La Vida es sueño está la libertad. En
Fuenteovejuna está la dignidad, la compasión, la cercanía, la honorabilidad.
Son valores importantes. Probablemente la política del país y los valores del
país se han ido al traste porque no se ha sabido conservar algunas ideas que no
son ni de ayer ni de hoy, que son de siempre. Los clásicos nos dan esa
oportunidad y por eso tenemos que ser capaces de ponerlo en valor y necesitamos
mucho la ayuda de los ciudadanos, de las compañías, de los medios de
comunicación para contárselo al mundo. Creo que muchas veces en España nos
puede la timidez o el complejo, no sé cómo explicarlo, algo que nos impide
gritar a los cuatro vientos las cosas positivas que tenemos en nuestro país.
Los italianos llevan muchas
décadas vendiendo aceite de oliva, queso y en esta tierra que hay un magnífico
aceite de oliva y un magnífico queso, hemos tardado mucho en venderlo, porque
como ya nos lo comemos parece que no hay que contarlo. Es importante contarlo.
Es importante transmitirle al mundo los valores del tipo de vida, el tipo de
cultura que tenemos, el valor que tiene nuestra lengua en la relación con
América.
Ya les gustaría a otros países
tener una hermandad de quinientos millones de hispano hablantes receptivos a
una cultura, a una lengua y con un patrimonio común. Porque somos nietos de Sor
Juana Inés de la Cruz que es mejicana y de Calderón. A sor Juana la leemos aquí
y allá y a Calderón lo leemos aquí y allá. Somos países hermanos y como tales
tenemos mucho que crecer. Eso este año Colombia lo ha entendido muy bien. Desde
el propio Fernando Botero que nos ha cedido la imagen del cartel hasta el
ministerio de Cultura, las compañías que vienen.
Creo que lo más positivo en el
balance que hago hasta hoy del Festival es el entusiasmo con el que muchas
instituciones, compañías, artistas se han involucrado para ayudarnos a tener
una visión más amplia de Almagro y del Siglo de Oro.
-El lema de este año “Soñemos, alma, soñemos otra vez” nos evoca a venir
a Almagro y soñar en el momento que te sientas en la butaca para transportarte
al Siglo de Oro.
-Sin duda. Nos evoca a soñar con
un mundo distinto. A soñar con un mundo mejor. A soñar con un mundo con mejores
valores. Apela al alma. Apela a la profundidad, que el teatro es el alimento
del alma y de la espiritualidad de una colectividad, de un pueblo. También es
en primera persona del plural. Soñemos entre todos que son los clásicos. Porque
lo que son los clásicos no lo vamos a poder decidir nosotros desde el Festival.
Nosotros podemos orientar la programación en un sentido patrimonial. Decir
queremos más Lope de Vega y menos Shakespeare pero cómo se hace ese Lope de
Vega no lo vamos a decidir nosotros. Lo va a decidir cada compañía, cada
artista y cada institución que decida apoyar la presencia de Lope de Vega en
Almagro.
-Bien es cierto, que según la programación hay obras que el espectador
sin verlas ya las decantan como las mejores, un ejemplo es Mestiza o Nacida
Sombra que está de boca en boca, sin olvidarnos de los Desengaños Amorosos, El
banquete… y otras tantas.
-Creo que no va a ser fácil.
Nacida sombra es una maravilla es flamenco sobre textos del Siglo de Oro
cantando versos de María de Zayas, versos de Sor Juana Inés, versos de Santa
Teresa. De nuevo el hilo de la mujer, el hilo de América. Es difícil elegir un
pódium de un Festival porque al final depende mucho del gusto. Además no
necesariamente, una cosa son las obras que más le gustan al público y otra
cosa, a veces, son las obras que son más representativas desde una visión del
Siglo de Oro o que representan una calidad en la exhibición. No siempre va
exactamente igual. Nuestro deber en el Festival es tener lo uno y lo otro. Es
tener las mejores obras y también la visión del Siglo de Oro que más atrae al
público. Cuando se juntan en el mismo texto y en la misma producción
maravilloso. A veces no es así y hay que tener lo uno y lo otro.
-Otra de las cosas que se ha recuperado este año es la ficción sonora,
hacía nueve años que no se había vuelto a ver.
-A mí me había dicho que era
imposible, que era muy difícil por los gastos de producción. Hemos tenido la
ventaja de tener dos grandes socios. En esta idea de acumular fuerzas RNE ha
hecho la versión de ‘Casa con dos puertas mala es de guardar’, maravillosa con
Benigno Moreno en la dirección, con Luis García Montero en la versión y un
reparto encabezado por Verónica Forqué, Fernando Cayo, Carmen Ruiz… espléndido.
Y el cierre lo hacemos con Valle Hidalgo, otra autora y directora, dirigiendo el
‘Lindo don Diego’ con Eloy Arenas, Eloy Azorín, Pepa Pedroche, Emilio Gavira,
Joaquín Notario, con un gran reparto.
De nuevo, cuánto vale, que un
espectador en Colombia, en China, en Australia pueda conectarse en directo en
la página web y escuchar lo que está pasando en Almagro en el Corral de
Comedias. Cuántos miles y miles de espectadores escuchan esa edición sonora.
Cuánto vale la democratización de la cultura que supone que quién tiene un
problema de movilidad, quien tiene un problema de dependencia y que no puede
venir a Almagro pueda escuchar el Festival de Almagro desde su casa. Tenemos
que derribar todas esas barreras y la apuesta es clarísima.
-El presupuesto con el que ha contado este año se ha visto mermado en
cuanto al del año pasado que se aumentó un 20% al ser una fecha especial, pero
además también se ha visto reducido al tener que invertir una parte en la
recuperación de un espacio. El año que viene influirá positivamente.
-Claro, esa obra ya está hecha.
Consideramos que este año valía la pena. Era un edificio que se encontraba en
un estado muy precario. Hay unas fotos que se puede apreciar. Creemos que eso
cumple con la función que el Festival tuvo desde el inicio que es recuperar el
patrimonio histórico artístico y ponerlo en valor como un lugar en el que se
vea el patrimonio vivo que es el teatro. La verdad que hay mucha gente que nos
felicita por la calle por lo que supone esa recuperación. Precioso, con un aire
estupendo, con unas butacas comodísimas, con un cielo… De nuevo, cuánto vale
eso. Yo no estoy preocupado porque este año haya sido un año de transición y el
presupuesto haya sido un poco menor al de la 40 edición, como digo es un año de
aprendizaje, también de carta de presentación de hacia dónde va a ir el
Festival de aquí a unos años. Creo que eso está cumplido. Creo que la gente
entiende bien el Festival que queremos hacer y lo comparte. Lo disfruta, tanto
desde las compañías, como desde las instituciones, como desde los espectadores.
De manera que nosotros hemos pactado que vamos a estar cinco años al frente del
Festival y lo importante es marcar el camino. Tenemos cinco años para crecer.
-La herencia es buena.
-Sí, queremos ser buenos
herederos en el sentido que lo importante para nosotros es que lo que se hizo
bien, quedó bien se mantenga. Barroco Infantil es una gran iniciativa y la
hemos mantenido. Almagro Off es una gran iniciativa que no sólo mantenemos sino
que lo hemos hecho crecer porque vamos a un espacio nuevo, al Silo con el doble
de aforo y con el doble de espacio escénico, con lo cual aspiramos a que se vendan
más entradas. Pero de nuevo, no voy a valorar que el Almagro Off es mejor
porque se venden un 10% más o un 3% menos, sino porque uno, recuperamos un
espacio público para la cultura, que es el Silo municipal, le damos unas
condiciones mejores a las compañías, mejores al público, está más cerca, es más
accesible. De manera que para nosotros es más importante el concepto de lo que
defendemos y la herencia recibida. Que la recibimos de Natalia pero también de
los equipos anteriores, que durante cuarenta años han construido una realidad
de la que nosotros somos galantes. Nuestra responsabilidad es mantenerla y acrecentarla.
-Aparte de hacerse cargo del Festival tendrá otros proyectos como
director de teatro que es. Eso sigue manteniéndolos o no le da tiempo.
-Sí. Ha bajado mucho el ritmo. Me
he comprometido con el patronato en estar muy implicado en el Festival. Dirijo
puntualmente fuera. Lo que sí pacté con el Festival, con el patronato, mantener
los compromisos que tenía sobre el Siglo de Oro, para intentar que algunos
proyectos que tengo que dirigir en América Latina, en Europa, en Estonia, en
Polonia se hagan allá, pagados por los gobiernos de cada uno de estos países.
Si el resultado vemos que nos gusta, intentemos traerlo para que cada año haya
más países representados haciendo el Siglo de Oro. Porque lo que queremos es
cambiar esa dinámica. Comprendo y respeto la decisión de que vengan de Alemania
a hacer Shakespeare o que vengan de Inglaterra a hacer Shakespeare. Nuestra
opinión es que eso hace menos competitivo el Festival en el panorama
internacional. Porque festivales shakesperianos hay muchos en muchos países con
más presupuesto, más músculo y más visibilidad que Almagro.
Si Almagro no consigue
diferenciarse radicalmente, siendo un Festival único y excepcional se va a
diluir en el mercado internacional y va a ser poco competitivo en el mundo
globalizado como este. Quiero decir, para que ir a Almagro a ver algo que puedo
ver en Stratford o en Edimburgo. Nosotros queremos apostar por esa diferencia y
parte de esa diferencia está en que en más países y más lugares estén haciendo repertorio
del Siglo de Oro y lo traigan a Almagro. De manera que ahí convive un poco la
parte institucional como director de la fundación, con mi carrera como
director, en la que siempre he tenido un compromiso con los clásicos.
Desde hace diecisiete años que
estrené mi primer clásico en Almagro. He venido catorce de esos diecisiete años
a trabajar a Almagro. He dirigido clásico y aquí he traído clásicos que había
dirigido en la India como el Quijote Kathakali o en México. No tengo que
renunciar a mi identidad como director de clásico para dirigir este Festival.
Al contrario, creo que son hechos que se suman. Por ejemplo, el trabajo con
Colombia este año ha sido muy fácil porque es un país con el que tengo muchos
vínculos, porque llevo dirigiendo muchos años allá y tenemos una relación de
gran respeto y de gran concordia con el ministerio de Cultura. Con quien quiero
seguir manteniendo esa sinergia.