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04 septiembre 2026

Una tarde con sabor a toro

 

El Cid, Luis Miguel Vázquez y Carlos Aranda salieron a hombros junto al mayoral de la ganadería tras una tarde redonda en la que los tres toreros dejaron su sello. Una jornada especial, además, por el homenaje a Emilio García “El Lince”, primer matador de toros nacido en Daimiel, y por el buen juego ofrecido por la corrida de Julio de la Puerta, donde hubo dos toros dignos de vacas.

Diez minutos hubo de esperar para que comenzara una tarde que ya llegaba con un significado especial. Tras el himno nacional y deshacerse el paseíllo, antes de que el ruedo se llenara de capotes, hubo un momento para detener el tiempo. Antes de que los toros fueran los protagonistas, hubo lugar para el recuerdo. Una placa a Emilio García “El Lince”. Un homenaje a su persona, a su historia y a ese lugar que ocupa en la memoria taurina de su pueblo. A continuación el ruedo quedó preparado para una tarde que tenía algo diferente. Una nueva historia que escribir en el que dos toreros de la tierra hacían el paseíllo por primera vez juntos siendo matadores de toros.

Después, el silencio de la plaza cambió de sonido. El capote tomó el ruedo y la tarde comenzó a escribirse.

El primero fue para El Cid, que lo recibió con verónicas de mucho temple y gusto, rematando con una media. Brindó al público y comenzó la faena con la derecha, llevando al toro con suavidad hasta los medios. Una segunda tanda por ese pitón hizo ver que la embestida empezaba a perder algo de velocidad. Sin embargo, al cambiar con la izquierda, el toreo al natural brotó con el son que acompañaban las embestidas del de Julio de la Puerta. El Cid fue poco a poco moldeándolo, entendiendo sus tiempos y sacándole aquello que llevaba dentro. Para rubricar la espada cayó baja, los pañuelos de la afición llegaron con fuerza y El Cid paseó una oreja, con petición de la segunda.

El segundo correspondió a Luis Miguel Vázquez y no puso las cosas fáciles de salida. Su embestida brusca por momentos hizo que no pudiera ofrecer un saludo capotero como merecía la tarde, aún así las verónicas que dio fueron aclamadas por el respetable, haciendo vibrar la plaza y al torero, que se gustó en la media. Brindó al público, un brindis que tenía además un significado especial después de que el año pasado su actuación quedara inédita por el percance sufrido tras el remate del saludo capotero, por eso este año se gustó en el cierre del saludo, quitándose el sabor agridulce que le dejó la tarde el año pasado. Comenzó la faena por bajo y, pronto, encontró el camino por el izquierdo. Una tanda de naturales, con las manos bajas dejó encandilado al público, que se quedó con ganas de más. Con la derecha pudo disfrutar especialmente, dejando también algunos adornos toreros al salir de la cara como los inmensos trincherazos que sellaron y aportaron ese punto de personalidad que tiene el torero cuando no necesita explicar nada. Cuando tomó la espada quedó la sensación de que todavía había faena por el izquierdo. Un pinchazo y una estocada caída no impidieron que paseara una oreja.

Al tercero Carlos Aranda lo recibió con un ramillete de verónicas rematando con una media. El toro no terminó de salir limpio, con una embestida algo brusca y mostrando pronto cierta querencia.

Brindó a “El Lince” y comenzó por la derecha, donde el animal mostró un buen son. Una nueva tanda permitió a Aranda sentirse más asentado antes de buscar el toreo al natural. Por ese pitón dejó momentos de buen toreo. Por el izquierdo el toro se empleó largo y, en uno de los muletazos, el torero quiso confiarse y el animal se le coló, supo rectificar a tiempo. Tras cambiar la espada volvió a la derecha para continuar la faena. La espada terminó pesando demasiado y las opiniones se dividieron en el tendido. Silencio.

Al cuarto lo recibió El Cid de nuevo con verónicas y media para cerrar el saludo capotero. Con la muleta lo llevó por bajo hasta los medios y, ya allí, comenzó una faena en la que el toro mostró prontitud. Por la derecha consiguió alargar sus embestidas, mientras que por el izquierdo le costaba más. El Cid bajó la mano y volvió a la derecha para dejar una tanda de mucho arrebato, de esas en las que el torero se entrega y la plaza responde. Una estocada trasera y desprendida, seguida de un descabello, puso fin a la faena. Esta vez fueron dos las orejas que paseó el diestro muy satisfecho con su actuación.

Luis Miguel Vázquez recibió al quinto con verónicas de buen sabor sirvieron para encandilar a su público antes de brindar nuevamente a “El Lince”. Antes debemos destacar que la lidia fue correcta, cuidada en el tercio de varas con un buen puyazo de Ramón Flores en todo lo alto y midiéndolo para que su matador pudiera disfrutar con el toro. En el segundo tercio también se cuidó a “Marinero” herrado con el número 66, Marcos Galán dejó un par bueno. Comenzó por bajo doblándose con él para llevarlo a los medios, después se fajó con el toro por la derecha. Tanda tras tanda fue bajando la mano, metiendo los riñones y clavando el mentón en el pecho buscando la profundidad. Por el izquierdo el animal tragaba los muletazos de uno en uno, dificultando la ligazón. Por ello Vázquez regresó a la derecha, donde estaba el pitón bueno dejando imágenes para el recuerdo, reconciliándose y pagando esa deuda que tenía consigo mismo, en primer lugar y con su afición, en segundo. Aprovechó esa condición del buen pitón derecho. Había que sellar la faena y dejar una buena rúbrica y el toreo es el espectáculo en el que los sentimientos saltan de una emoción a otra. Tras pinchar fue a colocarse delante de la cara del toro, y este lo alzó un palmo que por fortuna no consiguió hacer presa, dejando una vez perfilado una estocada fulminante. Dos orejas y vuelta al ruedo al toro de Julio de la Puerta.

Y quedaba el sexto, con las emociones a flor de piel, y con ese sabor de que Carlos Aranda tenía que triunfar, no podía dejar a su pueblo con ese sabor amargo del tercero. Por eso se encaminó a la puerta de chiqueros, con esa valentía que le caracteriza y se postró de rodillas para recibirlo a porta gayola, después llegaron las verónicas y la media, para entonces ya había algo en el ambiente. Desde el principio se vio que aquel toro tenía algo especial; buen son, prontitud y una forma de acudir desde lejos que hacía presagiar una faena distinta. En varas Aurelio Cruz lo picó muy bien, Carlos Aranda lo puso largo, como así le indicó el mayoral de la ganadería, quería verlo como se arrancaba, porque ellos sabían que “Presumido” iba a causar sensación y así fue. En banderillas el público vibró con Jesús de Natalia que dejó dos pares asomándose al balcón y en uno de ellos al salir de la cara el astado le hizo hilo y lo siguió hasta las tablas, ayudándolo a saltar y dejándolo sentado en el burladero del callejón, afortunadamente, fue un susto pero sin consecuencias que le puso más emoción a la noche. Se desmonteraron Jesús de Natalia y Ángel Mayoral.

Con la muleta confirmó lo que había apuntado desde el principio. Embistió humillando, con recorrido y permitiendo ligar las tandas con mucha profundidad. Aranda encontró un toro que le dejó expresarse, disfrutar y hacer disfrutar. Los muletazos fueron ganando en longitud y profundidad mientras la faena iba creciendo. Algunos llegaron a pedir el indulto en algunos momentos, al grito de “no lo mates”, aunque la petición no alcanzó la mayoría necesaria. Una media estocada y un descabello pusieron el punto final. Dos orejas para Carlos Aranda y vuelta al ruedo para el toro.

Y así terminó una tarde que tuvo de todo: el recuerdo de “El Lince”, tres toreros saliendo a hombros junto al mayoral de la ganadería, dos toros premiados con la vuelta al ruedo y una corrida de Julio de la Puerta que dejó materia para hablar y, sobre todo, para disfrutar.

Porque al final, más allá de las orejas y de los números, hay tardes que se quedan por lo que hacen sentir. Por ese momento en el que el torero encuentra al toro, el toro responde y la plaza se entrega. Una sintonía mágica en la que se alinean los planetas y parece que estás en otra galaxia, donde el toro es el gran protagonista, puesto que si no hay materia prima de primera, poco pueden hacer los toreros. Enhorabuena a los ganaderos por criar a toros tan bravos que permitan hacer disfrutar al respetable.

Y esta fue una tarde de esas.

Una tarde, sencillamente, con sabor a toro.

Ficha del festejo:

Con media entrada en los tendidos se lidió una corrida de Julio de la Puerta bien presentada y con diversidad de juego bien en líneas generales, destacando el quinto y el sexto premiados con la vuelta al ruedo.

El Cid: oreja con petición de la segunda y dos orejas.

Luis Miguel Vázquez: oreja y dos orejas.

Carlos Aranda: silencio y dos orejas.

Incidentes: Se desmonteraron tras parear al sexto de la tarde Jesús de Natalia y Ángel Mayoral. “Marinero” herrado con el número 38 y “Presumido”, con el número 66 fueron premiados con la vuelta al ruedo.

Al inicio del festejo se le rindió un homenaje a Emilio García “El Lince” por su trayectoria profesional y por los años que lleva de asesor en la plaza, le hicieron entrega de la placa el alcalde de la localidad, Leopoldo Sierra y el presidente de la Diputación, Miguel Ángel Valverde.

La tarde desde el objetivo













 

25 agosto 2026

Almagro baja el telón: Morante manda, Manzanares borda y Roca Rey deja su sello

 

En Almagro las piedras saben de teatro. Lo llevan escrito en las fachadas, en los balcones, en el Corral de Comedias y en esa manera tan suya de guardar la memoria. Pero ayer la representación cambió de escenario. No hubo telones pintados ni candilejas. Hubo arena, capotes, muletas y seis toros (ocho, con los sobreros). Y hubo tres hombres llamados a interpretar una obra que, por momentos, tuvo compás de soleó, silencios de teatro y finales de bulería.

La plaza se llenó. Y cuando se llena una plaza así, el público no viene solamente a mira, viene a esperar que suceda algo.

Sucedió.

Primer acto. Morante y el compás del mando

Morante salió a escena y la tarde adquirió otra respiración.

Hay un toreo que necesita explicarse y otro que simplemente ocurre. El suyo pertenece al segundo. Morante no parece entrar en la plaza para conquistarla, sino para ponerla en su sitio. Un capotazo, una pausa, una manera de quedarse quieto y esa chicuelina que alborota todo, y ya parece que alguien ha bajado el volumen de todo lo demás.

Con el primero encontró pronto la música. Toreó con esa clase y elegancia que le caracteriza, dejando que cada muletazo tuviera su principio y su final. El toro embistió y Morante respondió desde la serenidad, como quien conoce de memoria una melodía antigua. La faena tuvo el perfume de lo que no se aprende en los libros: duende. Dos orejas.

El cuarto lo exigió otra conversación. Tuvo que tirar de oficio, porque hubo menos regalo. Morante no se apartó del papel que había venido a interpretar. Buscó, esperó, midió y terminó encontrando el camino. Al natural llegaron los mejores pasajes de esta obra. Una oreja para el esportón.

Morante había cumplido su papel de protagonista principal; mandar cuando el toro quiso y mandar todavía más cuando el toro no quiso.

Segundo acto: Manzanares y la obra del quinto

Entró Manzanares en escena con la elegancia de quien no necesita levantar la voz para llenar un teatro.

Su primer capítulo fue de esos en los que el torero quiere y el toro no termina de acompañar. La faena quedó condicionada por la falta de transmisión del animal, que fue el segundo bis, ya que el primero tuvo que ser devuelto por falta de fuerzas. Ovación.

Pero el teatro, como la tauromaquia, guarda siempre un último secreto. Estaba en el quinto.

Allí apareció otro toro y, con él, otra posibilidad. Manzanares no la dejó escapar. Se colocó donde había que colocarse y comenzó a construir despacio. Sin buscar el golpe de efecto. Sin pedirle al público que admirara cada pase. Simplemente toreando.

La derecha tuvo limpieza. La izquierda aportó profundidad. Y entre una y otra fue apareciendo algo que no se puede fabricar: la belleza cuando nace de la naturalidad.

La faena creció sin estridencias, como crecen las grandes escenas cuando el actor no necesita levantar la voz. Hubo incluso emoción cuando el torero fue prendido sin consecuencias.

Y en Almagro, donde tantas veces se ha hablado de arte desde un escenario, aquella tarde el arte estaba en la arena. Dos orejas y rabo. El quinto había encontrado a su intérprete.

Tercer acto: Roca Rey escribe su propio final

A Roca Rey le correspondió primero el papel menos agradecido.

El tercer toro quedó fuera de combate al golpearse contra el burladero. Salió el tercero bis que no ofreció al peruano demasiadas posibilidades. Roca lo intentó, insistió y se quedó delante de un toro que no quería entrar en la historia.

No hubo premio, pero sí ovación porque hubo toreo.

Y eso también forma parte de una tarde de toros: saber permanecer cuando la inspiración no llega desde el otro lado de la muleta.

La plaza lo reconoció.

Pero todavía quedaba el sexto.

Y allí Roca Rey decidió que el final no podía ser de puntillas.

Se fue de rodillas y puso la plaza en tensión. Los pases cambiados por la espalda hicieron que el respetable se pusiera en pie. Continuó poniendo el cuerpo cerca del pitón, la muleta por delante, la apuesta hecha. Después fue ganando terreno con la mano derecha, ligando los pases y haciendo que el toro siguiera el trazo.

No hubo medias tintas.

Roca Rey entendió que aquel era su momento y lo exprimió hasta el último compás. En el epílogo volvió a arrodillarse, como    quien firma al pie de una obra antes de entregar el manuscrito. Dos orejas

Y entonces sí: Roca Rey dejó su sello en Almagro.

Telón

Y así terminó la tarde.

Morante puso el duende.

Manzanares encontró la belleza.

Roca Rey puso el poder.

Tres toreros, tres lenguajes, tres formas de llenar una misma escena.

Y quizás ahí estuvo lo más hermoso de la tarde: que cada uno escribió su propio acto sin borrar el del compañero. El primero habló en flamenco bajo. El segundo dibujó la elegancia. El tercero cerró con se punto de riesgo y determinación que convierte una faena en acontecimiento.

Almagro tiene un Corral de Comedias donde durante siglos se ha levantado el telón para contar historias.

Ayer, el telón se levantó en la plaza.

Y la historia la escribieron tres toreros frente a seis toros.

Cuando cayó el telón, la arena quedó llena de huellas.

Y en el aire, como después de un buen cante, quedó algo que no se puede recoger ni guardar: el duende de una tarde que, por unas horas, hizo de Almagro un teatro donde el toreo fue la única obra posible.

En Almagro, esta tarde, el toreo no se representó: se vivió.

Ficha técnica

Con lleno en los tendidos en una tarde agradable, se lidió un encierro de Cayetano Muñoz de juego desigual destacando la calidad del lidiado en quinto lugar. El 2 y 3 fueron devueltos y salieron los sobreros del mismo hierro.

Morante de la Puebla: dos orejas y oreja

Manzanares: ovación tras aviso y dos orejas y rabo

Roca Rey: ovación y dos orejas.

Incidencias: Se desmonteró Diego Vicente en el segundo y Viruta y Paquito Algaba en el sexto.

21 agosto 2026

Tercera y última de Feria en imágenes














 

Diego Ventura, protagonista del broche final de la Feria, donde el toreo ganó a los aceros

 Si hay que destacar algo, de la tercera de Feria de la Virgen del Prado, es ver los tendidos llenos. Eso es una alegría. Hay que dar la enhorabuena a la empresa Mare Nostrum por componer dicho cartel para llenar el coso, otra cosa es el resultado, porque hay tardes que se explican por el número de orejas y otras que necesitan algo más de memoria para ser contadas. La estadística dice que Ventura fue el único que salió a hombros. Hubo más, un segundo toro muy importante que Talavante cuajó, y dos faenas de Roca Rey cargadas de entrega. Nuevamente los aceros privaron del triunfo a los toreros, que en esta ocasión, la presidencia estuvo muy acertada en el sexto, al no conceder el trofeo. Porque ya lo dice el refrán: “tarde de expectación, tarde de decepción”. Así fue como salió el respetable al finalizar el festejo. Hubieran preferido disfrutar más de la corrida.

Dos tipos público albergaron los tendidos del coso ciudadrealeño, por una parte, los aficionados al rejoneo y por otra, los del toreo a pie. Los seguidores de Diego Ventura disfrutaron con las dos faenas que realizó y el triunfo del caballero con salida a hombros. Por otra parte, los del arte de Cúchares tuvieron el sabor agridulce, por el fallo en la suerte suprema tanto Talavante como Roca Rey.

Abría plaza Diego Ventura que le tocó en suerte un toro manejable, dejando momentos de calidad, especialmente con Lío y Fouto, en el tercio de banderillas. El rejón de castigo no entró a la primera, en cinco ocasiones tuvo que citar al toro para al final dejar el rejón que emborronó los detalles de su actuación. Ovación que salió al tercio a recoger.

La historia cambió en el cuarto, en esta ocasión los protagonistas fueron Nómada y Bronce, con el que le quitó el bocado para clavar una banderilla pisando terrenos comprometidos. Destacar los pares al violín y las dos rosas, y aunque el rejón de muerte no entró a la primera, sí le bastó para cortar las dos orejas, aunque la segunda es cuestionable.

Talavante creó una faena con aroma de triunfo que se llevo la espada. Con el capote recibió con dos faroles para componer luego lances a la verónica con remate de una larga. El quite lo realizó por gaoneras. Con la muleta su temple brilló al natural, dejando su esencia en el albero. Cuando llegó la hora de matar, dos pinchazos hicieron que las orejas se quedaran en el camino.

El quinto fue la cruz de la moneda, un toro manso de libro que no le dejó opciones a Talavante, y lo mejor que hizo fue abreviar. Entró a matar pegado a tablas porque había hecho frente el animal y no había quién lo sacara de allí. Una estocada atravesada que no consiguió que cayera el astado, recorriendo el ruedo pegado a tablas dos veces, como lo hiciera de salida.

Roca Rey vino con ganas de triunfo, entregado toda la tarde. De su primero destacar en el capote el quite por gaoneras, y ya para empezar a calentar motores se puso de rodilla para citar con la muleta por la espalda a su enemigo, muy ajustadas, rematando con dos trincheras que puso al público en pie. Faena que fue yendo a menos, y tuvo que tirar de cercanías para llegar al tendido. Al entrar a matar tropieza la espada y le hace perder pie, sin llegar a ningún percance. Pinchazo y estocada casi entera, aviso y múltiples descabellos.

Con el que cerraba plaza, volvió a demostrar la dimensión de torero que es, cuando un toro se le viene abajo, tira de distancias cortas para que no se pierda el interés, y así fue. Había faena para hablar de triunfo, pero no espada para convertirla en orejas. Dos pinchazos y estocada caída. 

La Feria bajó el telón. Y lo hizo dejando la certeza de que hubo triunfo, pero también hubo mucho toreo que en las estadísticas no saldrá.

Ficha del festejo:

Con lleno en los tendidos se han lidiado dos astados de la ganadería de Sánchez y Sánchez para el toreo a caballo, manejables y cuatro de Victoriano del Río y Toros de Cortés para el de a pie, bien presentado y de juego desigual, el peor el 5º por manso.

Diego Ventura: Ovación con saludos y dos orejas

Alejandro Talavante: Ovación con saludos y silencio tras aviso

Roca Rey: Silencio tras aviso y ovación tras petición de oreja.

Se desmonteran en el tercero Agustín de Espartinas y Paquito Algaba. En el sexto, Viruta, de la cuadrilla de Roca Rey. 

20 agosto 2026

Segunda de Feria tras el objetivo













 

Cuando el toreo tiene alma: Víctor Puerto se despide, Navalón se entrega y Luque manda

 

Entre la emoción del adiós y la verdad del toreo, tarde con pinceladas de sensibilidad en la despedida de Víctor Puerto en su tierra, tras treinta y un años de alternativa. Donde en su primero quedó inédito por romperse la mano el de Arauz de Robles, y con su segundo logró la despedida merecida a toda su trayectoria. Daniel Luque, que pechó con el peor lote, estuvo por encima de sus enemigos con ese dominio de los terrenos y ese poder ante el toro. Samuel Navalón brilló toda la tarde cuajando dos faenas de entrega y temple, desatanco la del sexto por cómo se embraguetó con él.

Amalgama de colores, en una tarde en el que el traje grana y oro era el foco de miradas, marcando el inicio de una historia con final. Último paseíllo del diestro Víctor Puerto, última salida a hombros, últimos lances en el albero de la plaza de su tierra, y última faena, no la soñada, desde luego, puesto que con su primero quedó inédito y con su segundo, le faltó esa casta y bravura para redondear la tarde. Se otorgaron dos orejas, que en su conjunto, tuvieron ese toque de sensibilidad ante una trayectoria, una despedida y sobre todo, a uno de la tierra. El toreo sabe de sensibilidad y por ello, en los momentos precisos hay que sacarla. Como cada historia todo tiene un comienzo.

Tras deshacerse el paseíllo se rindió un minuto de silencio al que fuera cirujano taurino del coso durante muchos años, don Eduardo Rodríguez. A posteriores los toreros lancearon al viento, y una vez dentro de la tronera de matadores el murmullo de la tarde se rompió con una merecida ovación para el torero que decía adiós a una afición. Víctor Puerto salió al tercio a recogerla, invitando a sus compañeros a que lo acompañaran, pero era un momento especial para él. Y declinaron la invitación, pero no se olvidaron de brindarle un toro, como hiciera Daniel Luque en el quinto de la tarde.

Con esas verónicas, marca Puerto, recibió a su primero. En varas recibió un buen puyazo pero cuando cogió los trastos Víctor y fue a realizar su trasteo, el toro se rompió la mano y fue imposible su lidia. Una lástima porque la afición se quedó con esas ganas de ver al torero. Tuvo que coger la tizona para dejar una estocada un pelín caída. Recogiendo la ovación en el tercio. Inédito quedó por ese contratiempo con el que nadie contaba.

En su segundo se quitó la espinita, volvió a lancear a la verónica dejando su sello en el albero. Tras el brindis a su tío, Sánchez Puerto y a su hijo se dirigió a comenzar la faena, dejando la impronta del torero que ha sido, y aunque se retiré seguirá siendo, porque eso nunca se va. Con la muleta compuso una faena en la que destacó el toreo al natural, cuidando cada embestida para que le durara. Pinchazo y media que le sirvieron para pasear las dos orejas. No por lo que había hecho con este ejemplar, sino por una trayectoria. Y en su casa lucirá la cabeza de este toro y con las orejas que guardó y no quiso pasear, puesto que pidió la cabeza del animal.

Luque estuvo enrazado toda la tarde, le tocó pechar con el peor lote y aún así dejó, una vez más, la impronta de porqué está en donde está en el toreo, puesto que es un torero que sabe sacar esa raza y poder a sus enemigos.

De salida su primero no quiso fijarse en el capote que le ofrecía. En banderillas se desmonterarón Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga. Comenzó la faena doblándose con él, componiendo una faena con enjundia. La música sonó pero la hizo parar, necesitaba sentir el silencio para componer su obra. Un silencio que lo acompañó y tan sólo su voz al citar y el trote del toro se sintieron para componer esa melodía que llama sin florituras. Hubo ligazón, temple y mando. Estocada un poco atravesada que le costó caer al cornúpeta haciendo que la presidencia mandara un recado. Oreja que paseó.

Con el quinto, tampoco pudimos ver a Luque lucirse con la verónica, puesto que su enemigo no se entregó. Tras el brindis a su compañero Víctor Puerto, volvió a realizar una faena de poder e íntima, en comunión con el toro y el silencio. Donde los naturales tuvieron esa esencia por la dificultad del de Arauz de Robles. Estocada un pelín desprendida que le otorga la oreja para salir a hombros.

Samuel Navalón llegó con la bendición del Cristo del Amor y fue el triunfador del festejo, dejó claro que en esto quiere mandar y su entrega es estandarte. A su primero lo recibe lanceando a la verónica, con gustoy temple. En el caballo no quiere nada hasta que consigue recibir la vara correspondiente. Faena muy bien argumentada en la que ha ido haciendo que el toro embistiera, yendo a más. Estocada, descabello, aviso y descabello. Oreja.

En el sexto dio una gran dimensión recibiendo a su enemigo con un ramillete de verónicas que llegaron al tendido calando hondo. Tras el brindis al periodista Javier Ruiz, comenzó la faena con ese temple y actitud que se necesitan para mandar en el toreo. Había tandas en las que se veía que se vaciaba, de esas que se sienten, de que transmiten y no se olvidan, puesto que Navalón vino apostando fuerte y ganó. Mató de estocada algo desprendida que le fue suficiente para cortar dos orejas.

 

Ficha técnica:

Con media plaza se lidió una corrida de Arauz de Robles, bien presentada de juego desigual.

Víctor Puerto: ovación en el tercio y dos orejas.

Daniel Luque: oreja tras aviso y oreja.

Samuel Navalón: oreja y dos orejas.

 

Se desmonteraron tras parear al segundo de la tarde Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga de la cuadrilla de Daniel Luque.

 

19 agosto 2026

Primera de Feria en imágenes









 

Entre poco son y mucho silencio, Fernández paseó una oreja y Aparicio Romero derramó la esencia

 

“Sueño que el mundo es taurino”, eso pasaría por la cabeza de los novilleros, dos de ellos debutaban con caballos en la primera de Feria de la Virgen del Prado de Ciudad Real. Los sueños son efímeros y muchas veces se escapan antes de que se hagan realidad. Eso debieron pensar tanto Adrián Reinosa como Javier Fernández, e incluso Aparicio Romero, que su sueño de abrir la puerta grande se veía truncado por el juego de los novillos de Toros de San Román.

 

Hay tardes en las que los minutos pasan lentos, que se hacen eternos y parece que el tiempo está estático, que no avanza, pero ves el movimiento a tu alrededor, sin llegar a conectar con él. En la primera de Feria hubo momentos que se vivieron así, otros en los que entrabas y conectabas con la novillada, pero la gran mayoría estabas fuera. Más de tres horas de festejo en el que no hay muchas cosas que contar, pero si destacar la actuación de tres banderilleros de la tierra, como fueron Francisco Rodríguez y Miguel Ángel Ramírez, en el quinto de la tarde y Jesús de Natalia, en el sexto, tras dejar unos sensaciones pares de banderillas que tuvieron que desmonterarse. Sin olvidarnos de la gran ovación, para Aurelio Cruz, tras el extraordinario puyazo que dejó al sexto. Tarde de matices, saludos y ovaciones, mezcladas con las ganas de los novilleros y el juego desigual del ganado.

Se guardó un minuto de silencio por la muerte del ganadero Santiago Barrero San Román, al finalizar se le entregó a la viuda el cartel de la tarde de la novillada. También recibió el brindis de Adrián Reinosa. Las banderillas llevaban el color de su divisa, pero los novillos la lucieron negra. En la tronera de los burladeros una foto del ganadero, un digno homenaje a su persona.

Adrián Reinosa se topó con un primero que lo dejó que lo saludara a la verónica, con la muleta le fue imposible realizar una faena cuajada, alguna tanda pero sino descomponía la embestida el novillo lo hacía el viento. Pinchó y dejó una estocada caída casi entera, recibió recado de la presidencia y su labor se vio silenciada.

En el cuarto, tampoco pudo lucirse aunque puso toda la voluntad pero cuando no hay son ni ritmo poco queda. Dos pinchazos, aviso y estocada caída y trasera. Como dato curioso, es que el picador en lugar de abandonar el ruedo por su derecha, se volvió por el camino más corto. Eso se debería cuidar y mantener la tradición.

Una oreja paseó el debutante Javier Fernández de la Escuela de Ciudad Real, que pudieron ser más si no llega a fallar con los aceros. Dos veces se fue a porta gayola a recibir a sus enemigos, en el segundo el novillo le dejó sin capote, pero lo solventó. Alguna verónica pero no se fijaba. Con la muleta destacar una tanda por la derecha, pero cuando no se tiene animal, por muchas ganas que se ponga no se consigue. Mató de estocada desprendida, un aviso y un descabello. Primera oreja.

Dice el refrán que “no hay quinto malo” y en esta ocasión fue así, este novillo le dejó realizar su toreo. Nuevamente se fue a porta gayola y lo recibió con una larga para continuar con la verónica, brindis a su maestro Aníbal Ruiz y con la muleta se vio otro novillero puesto que había materia prima para exprimir una buena faena, lástima que la tizona se le resistiera y le privara de la puerta grande. Tres pinchazos, estacada que hace un pelín guardia y dos recados del presidente.

Aparicio Romero también debutaba con caballos, de la Escuela Taurina de Ciudad Real, y seguro que su debut no se lo imaginaría así. Dicen los gitanos que “ellos no quieren buenos principios para sus hijos”, pues habrá que esperar para ver su triunfo, puesto que su faena ha dejado una huella imborrable en la afición pero ha faltado que se rubricara con la espada. Y con el sexto, un bonito ejemplar que metía la cara bien en el capote, tras banderillas se desordenó y no hubo maneras, lo mejor era abreviar.

El tercero que salió por chiqueros tuvo que ser devuelto por descoordinación en las manos, sobre todo la derecha. Salió el tercero bis, el novillo más terciado de todo el encierro que le permitió a Aparicio Romero lucirse tanto con el capote como con la muleta. Los olés más sinceros y profundos llegaron cuando toreó al natural. Lástima que la espada no entrara para haber tocado pelo. Pinchazo, pinchazo hondo y aviso. Recibió una sonora ovación.

El sexto prometía por la bella estampa que presentaba y al ser el novillo con más kilos, que más que novillo, parecía un toro. Lo lanceó a la verónica. Aurelio Cruz, dejó una buena vara en todo lo alto, y el novillo metía los riñones. Metía la cara en el capote, y prometía que iba a haber faena de cante grande, pero el animal cambió su comportamiento en banderillas y eso que Jesús de Natalia puso dos buenos pares e hizo las cosas bien. Y no hubo faena ni probaturas ni nada, sino abrevió y mató de estocada trasera y tendida.

 

Ficha técnica:

Con un tercio de entrada se lidió una novillada de Toros San Román, bien presentados y de juego desigual, destacó el quinto. El tercero fue devuelto y salió el tercero bis.

Adrián Reinosa: silencio tras aviso y silencio tras aviso

Javier Fernández: oreja tras aviso y ovación con saludos tras dos avisos

Aparicio Romero: Ovación con saludos desde los medios tras aviso y silencio.

Se desmonteran Francisco Rodríguez y Miguel Ángel Ramírez de la cuadrilla de Javier Fernández en el quinto y Jesús de Natalia, de la de Aparicio Romero, en el sexto. Con el capote también destacó de Natalia. Ovación, en el sexto, para Aurelio Cruz tras dejar un buen puyazo.

18 julio 2026

Una tarde en Pozuelo